La tensión histórica entre Pakistán y Afganistán volvió a escalar tras los recientes bombardeos lanzados por Islamabad contra objetivos en territorio afgano, en un conflicto que ya fue calificado como una “guerra abierta” por autoridades paquistaníes.
El conflicto entre Pakistán y Afganistán atraviesa uno de sus momentos más delicados en décadas luego de ataques aéreos realizados por fuerzas paquistaníes contra posiciones cercanas a Kabul y otras regiones estratégicas.
La ofensiva militar marca una nueva escalada en una relación históricamente marcada por enfrentamientos fronterizos, disputas políticas y acusaciones cruzadas por el accionar de grupos insurgentes.
El origen histórico del conflicto fronterizo
Para comprender la actual crisis es necesario remontarse a 1893, cuando el diplomático británico Mortimer Durand estableció una frontera que dividió territorios tribales pastunes entre Afganistán y la entonces India británica.
Tras la independencia pakistaní en 1947, Islamabad adoptó esa delimitación como frontera internacional, mientras que Kabul nunca la reconoció oficialmente, considerando que se trataba de una imposición colonial que fragmentó comunidades históricas.
Desde entonces, la zona fronteriza se convirtió en un foco permanente de tensiones militares, contrabando y actividad insurgente.

El terrorismo, el factor central de la escalada
Uno de los principales puntos de conflicto es el accionar del grupo insurgente Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), organización armada responsable de numerosos atentados dentro de Pakistán.
El gobierno encabezado por Shehbaz Sharif sostiene que el TTP opera desde refugios en Afganistán con apoyo o tolerancia del régimen talibán, acusación que Kabul rechaza.
Ante una reciente ola de ataques terroristas, Pakistán respondió con bombardeos selectivos contra presuntos campamentos insurgentes en territorio afgano, lo que derivó en represalias militares a lo largo de la frontera.
El fracaso del alto el fuego y el inicio de la ofensiva
Ambos países habían alcanzado un alto el fuego durante 2025 con mediación internacional, pero el incremento de la violencia insurgente y las tensiones políticas internas provocaron el colapso del acuerdo.
La situación se agravó especialmente en el paso fronterizo de Torkham, un punto clave para el comercio regional y el tránsito de personas, donde se registraron evacuaciones masivas ante el intercambio de ataques.
La actual escalada comenzó luego de que fuerzas talibanes atacaran posiciones paquistaníes en respuesta a un bombardeo previo que dejó víctimas civiles, según denunciaron autoridades afganas.
En represalia, Pakistán lanzó la operación militar denominada “Ghazab Lil Haqq”, con ataques aéreos sobre Kabul, Paktia y Kandahar.

Diferencias en el poder militar
Pakistán posee una de las fuerzas armadas más poderosas de la región y es además una potencia nuclear, con cientos de miles de efectivos activos, armamento moderno y misiles balísticos.
En contraste, el ejército afgano —controlado por el régimen talibán desde 2021— cuenta con menor equipamiento convencional y basa su fortaleza en la movilidad, el conocimiento del terreno montañoso y tácticas insurgentes.
Lo que está en juego a nivel geopolítico
El conflicto también involucra intereses internacionales. China mantiene una estrecha alianza económica y estratégica con Pakistán, mientras que Estados Unidos continúa monitoreando la situación para evitar el resurgimiento de grupos yihadistas con alcance global.
Por su parte, Irán y Rusia siguen de cerca la evolución del conflicto debido al impacto que podría generar en seguridad regional, migraciones y tráfico ilegal.
La escalada actual genera preocupación internacional ante el riesgo de que el enfrentamiento derive en un conflicto armado de mayor magnitud en una región estratégicamente sensible.
