El 20 de marzo de 2020, hace seis años, Argentina comenzó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) decretado por el entonces presidente Alberto Fernández. Las calles quedaron desiertas, las actividades no esenciales se detuvieron y solo el personal esencial podía movilizarse con permisos especiales.
El país despertó aquel 20 de marzo de 2020 con un silencio absoluto. Las avenidas y calles, normalmente repletas de tránsito y actividad, se mostraban desiertas. El aire estaba desprovisto del bullicio habitual y las persianas permanecían bajas. La cuarentena, que inicialmente se había dispuesto por 15 días, sería prolongada repetidamente, convirtiéndose en una de las medidas más estrictas y largas de la región.
Un día antes, el 19 de marzo, el presidente Alberto Fernández anunció en cadena nacional la suspensión de todas las actividades no esenciales y explicó que la medida entraría en vigencia a partir de las 00.00 del día siguiente. Lo acompañaban en la conferencia los gobernadores Axel Kicillof (Buenos Aires), Gerardo Morales (Jujuy), Omar Perotti (Santa Fe) y el exjefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta.
Fernández advirtió: “Esto quiere decir que, a partir de ese momento, nadie puede moverse de su residencia, todos tienen que quedarse en sus casas. Es hora de que comprendamos que estamos cuidando de la salud de los argentinos”. En ese momento, el país contaba con 128 casos confirmados y 3 fallecidos, aunque nadie podía prever que la pandemia provocaría más de 130 mil muertes en total.

Actividades esenciales y cambios en la vida cotidiana
Durante ese primer día de cuarentena, solo se permitía la circulación del personal esencial, que incluía trabajadores de Salud, Fuerzas de seguridad y armadas, bomberos, prensa, supermercados, farmacias, recolección de residuos y quienes atendieran situaciones de fuerza mayor o cuidado de terceros. Para movilizarse, era necesario tramitar permisos especiales.
El aislamiento transformó la rutina diaria: surgieron clases virtuales, teletrabajo y medidas estrictas de higiene, como lavado de manos prolongado, uso obligatorio de barbijos y alcohol en gel, y desinfección constante de objetos y superficies. Incluso se popularizó la ropa cómoda de entrecasa como norma durante el encierro.

Adaptaciones y disputas durante la cuarentena
Con el tiempo, se comenzaron a reabrir algunas actividades, pero esto generó conflictos y normas particulares: salidas según la terminación del DNI, restricciones para corredores, aperturas parciales de comercios y la necesidad de permisos especiales para ciertos desplazamientos. También se registraron detenciones por incumplimiento de la cuarentena y fiestas clandestinas, imágenes que marcaron la tensión social de aquel período.
Hoy, seis años después, muchas de esas medidas han quedado en la memoria colectiva y algunas prácticas, como el uso del barbijo en ciertos contextos, se mantienen como parte de los hábitos adquiridos durante la pandemia.
