Un informe privado analizó la distribución de los ingresos de los hogares argentinos durante el primer trimestre de 2026. El ingreso promedio fue de $2,8 millones mensuales netos, pero casi ocho de cada diez familias se encuentran por debajo de ese nivel.
La distribución de los ingresos en Argentina continúa mostrando una importante diferencia entre los distintos sectores socioeconómicos. De acuerdo con un informe elaborado por la Fundación Encuentro a partir de datos de la consultora W, el 78% de los hogares argentinos se ubica por debajo del ingreso promedio registrado durante el primer trimestre de 2026.
El estudio señala que el ingreso promedio mensual neto alcanzó los $2,8 millones, aunque la mayoría de las familias se encuentra por debajo de ese valor. La situación tiene un impacto directo sobre las decisiones de consumo y explica, en parte, por qué el gasto de los hogares continúa mostrando dificultades para recuperarse.
En el extremo superior de la pirámide se encuentra la clase alta, que representa aproximadamente el 5% de la población y requiere ingresos de al menos $7,5 millones mensuales para formar parte de ese segmento.
Cuánto hay que ganar para pertenecer a cada segmento
El informe divide a los hogares argentinos en diferentes niveles socioeconómicos y establece un ingreso mínimo aproximado para cada categoría.
La distribución presentada es la siguiente:

De esta manera, los segmentos de clase media baja, clase baja superior y hogares pobres reúnen a la mayor parte de las familias argentinas.
Por qué el consumo masivo sigue débil
El estudio sostiene que la concentración de los ingresos por debajo del promedio nacional ayuda a entender las dificultades que todavía enfrenta el consumo masivo.
Si bien la inflación mostró una desaceleración y los salarios reales comenzaron a recuperar parte del poder adquisitivo perdido, una amplia proporción de los hogares todavía cuenta con recursos limitados para incrementar sus gastos.
Según el análisis, justamente los sectores que representan ese 78% de los hogares son los que tienen una mayor tendencia a destinar sus ingresos al consumo cotidiano.
Cómo ajustan los hogares de mayores ingresos
El impacto de la situación económica atraviesa a los distintos niveles socioeconómicos, aunque las estrategias utilizadas para reducir gastos varían según el poder adquisitivo de cada familia.
En los hogares de mayores ingresos, una de las principales estrategias consiste en revisar y reducir gastos fijos. Entre ellos aparecen seguros, servicios de salud y otros costos mensuales.
También se observa una menor frecuencia de viajes, salidas, recitales y suscripciones a plataformas digitales, además de una búsqueda más habitual de promociones y descuentos.
La reducción de estos gastos tiene también un efecto sobre la capacidad de ahorro, que se ve limitada incluso entre familias con mayores recursos.
Las familias priorizan alimentos y gastos esenciales
En los sectores medios y medios bajos, el ajuste se concentra principalmente en la necesidad de garantizar los gastos básicos del hogar.
La alimentación y el pago de impuestos y servicios pasan a ocupar una mayor proporción del presupuesto familiar, mientras se intenta evitar el uso excesivo de las tarjetas de crédito y la acumulación de deudas.
Los viajes, las salidas y otros consumos considerados no esenciales comienzan a quedar relegados. Al mismo tiempo, las promociones dejan de ser una oportunidad ocasional y pasan a formar parte de la estrategia habitual para poder sostener las compras.
El impacto es mayor en los hogares más vulnerables
La situación se vuelve aún más compleja en las familias con menores ingresos, donde cualquier gasto extraordinario puede alterar por completo el presupuesto mensual.
En estos hogares, las compras se concentran casi exclusivamente en productos de primera necesidad y artículos con descuentos, mientras que también aumenta la utilización del crédito para afrontar gastos que no pueden ser cubiertos con los ingresos corrientes.
El informe advierte además sobre modificaciones en los hábitos alimentarios. En los sectores más vulnerables puede producirse una reducción de la cantidad y calidad de los alimentos consumidos.
Cambios en la alimentación
La pérdida de poder adquisitivo también modifica la composición de la canasta alimentaria.
Entre los ejemplos mencionados aparecen la sustitución de carne vacuna por pollo, mientras que algunos productos más costosos son reemplazados por alternativas de menor precio. También se registra un mayor uso de alimentos como la harina y la leche en polvo frente a productos de mayor costo.
De esta manera, el precio se convierte en uno de los principales factores a la hora de decidir qué productos comprar.
Qué esperan los especialistas para el consumo
El director de la consultora W, Guillermo Olivetto, sostuvo que el proceso de ajuste ya atravesó una etapa de diagnóstico y que los consumidores comenzaron a adaptarse a la nueva realidad económica.
En la misma línea, Esteban Cagnoli, CEO de Worldpanel by Numerator, señaló que los consumidores se muestran cada vez más selectivos y priorizan los comercios de cercanía.
La elección de estos canales no estaría vinculada solamente con la comodidad, sino también con la intención de evitar compras impulsivas y concentrar el presupuesto en una canasta de productos más reducida.
Por su parte, la consultora Scentia proyectó que, si la inflación continúa desacelerándose y los salarios mantienen una recuperación, el consumo masivo podría comenzar a acompañar el crecimiento de la economía.
Sin embargo, la estimación indica que esa recuperación avanzaría a un ritmo más lento que el Producto Bruto Interno (PBI), con una proyección para el consumo masivo dentro de una banda de entre -1% y +1%.

